Fatiga

Martes, 23 de mayo de 2017

Puede que no hayamos valorado lo suficiente que Emmanuel Macron haya alcanzado la presidencia de Francia desde una plataforma personal ajena al poderío organizativo de los grandes partidos. Hasta las siglas que lo acompañaban no eran tanto un lema originalísimo, En Marcha, como un guiño a las iniciales de su nombre, a la idea de liderazgo personal, innegociable, no sometido a los dictados de un aparato difuso y marchito. Está pasando en otros lugares y en muchas democracias fatigadas, donde el partido es más un lastre que un trampolín. En España, quizá dos ejemplos de esa potencia del carisma personal y la vinculación del votante con personas que proceden de la sociedad civil, sin estar ensuciados por la vileza del escalafón de partido, sean las alcaldesas Carmena y Colau, que alcanzaron los Ayuntamientos de las dos ciudades más pobladas de España con la dulce música del verso libre. (…)

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