Andalucía

Martes, 4 de diciembre de 2018

Entre estas exaltaciones de orgullo que vivimos de forma tan natural, porque nos hemos acostumbrado a que cada comunidad autónoma tenga su oficina de prensa y su campaña de turismo, me resulta sorprendente que Andalucía no presuma del arreón que ha pegado en los últimos años el cine rodado en sus tierras. Despojado de los barnices eternos del folclorismo bobo, no ha tenido miedo a mostrar sus partes menos lindas. El nuevo cine franquista se practica en las zonas donde se cae muy repetidas veces en la típica mirada poética sobre lo propio para dejar claro que todo lo malo es lo que llegó de fuera. En ocasiones se bordea el ridículo cuando se retrata lo local como brote de pureza y lo ajeno como el peligroso contaminante. Así fue el grotesco cine imperial español durante la dictadura, que hoy da para la chanza de los curiosos. En cambio, nos enorgullecen las películas ácidas, despojadas, en la mayoría de las ocasiones raquíticas de medios y glamur, pero rebosantes de nervio y buena escritura. Doble ridículo será repetir el error autárquico en tiempos autonómicos. (…)

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