Primavera

Martes, 17 de abril de 2018

La muerte del director de cine Milos Forman nos obliga a detener la actualidad por un instante. Las muertes de la gente respetada son una piedra entre los dientes de la rueda de molino del día a día, que lo tritura todo sin piedad. Mientras una alfombra de polvo lo termina de cubrir, nos queda su mano alzada, como aquel brazo de la Estatua de la Libertad que asomaba entre la arena en el final más estremecedor de la historia del cine, el de El planeta de los simios, en la versión original de 1968. Nunca está de más recordar que la persecución de la libertad es en cualquiera de las artes mucho más relevante que la persecución del éxito. Es algo que olvidamos, chantajeados por ese espejismo del triunfo. Milos Forman había rodado durante la Primavera de Praga películas modestas, locales, inteligentes, cargadas de humor y humanidad. Los amores de una rubia y Al fuego bomberoslo convirtieron en una celebridad en el cine mundial. (…)

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