Nostalgia del censor

Martes, 6 de agosto de 2019

El lenguaje a veces corrige el azar. Que la responsable política que ha vetado a unos músicos en las fiestas de Aravaca se apellide Sordo es una ironía tan fina que debemos rendirnos a su encanto. Lo suyo es una sordera selectiva. Consiste en eliminar de los turnos de palabra a quienes no quieres escuchar. Mal ha empezado el Ayuntamiento de Madrid, asentado sobre tres partidos que parecen haberse puesto a competir por quién es más intransigente. Suele suceder en las coaliciones, que funcionan a veces como las pandillas de chavales, donde se confunde la valentía con la imprudencia y la lealtad con la indignidad. Ya con la actitud cerril de todos ellos ante las medidas de Madrid Central delataron sus ganas no tanto de corregir errores del pasado, sino de refutar los aciertos. Exactamente lo que menos necesita una ciudad por parte de sus dirigentes. Puestos a mostrar esa intolerancia, pareciera que nada más llegar han pedido las listas de conciertos programados para las verbenas populares y se han puesto a tachar a quienes no les caen bien. Los músicos son piezas débiles de ese desafío, porque sobreviven en muchas ocasiones gracias al contrato público en actos de Ayuntamientos y comunidades. Lo que la ecología nos exige es equilibrio, en todos los campos. (…)

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