Avidez

Martes, 12 de septiembre de 2017

Hace tiempo que cuelga en mi estudio una foto estupenda que me regaló el actor amigo Luis Cuenca en la que está abrazado a Salvador Dalí. La tomaron en sus días de amistad, cuando el pintor acudía a verlo al Paralelo de Barcelona en esos espectáculos de revista que propiciaba el empresario Colsada con sus alegres chicas. Al pintor ampurdanés le encantaba organizar fiestas donde poder apreciar la belleza y el poderío del cuerpo de baile, era generoso con el champán y con la invención de apelativos ingeniosos y cariñosos. Era un mirón apreciativo, impenitente defensor del modo de amor cortés que incluye casi todo menos el contacto físico. Conociendo estas anécdotas, resultaba complicado creerse la demanda de paternidad de una supuesta hija, más aún cuando quienes le conocieron de verdad insistían en esa pasión suya voyeurística, alejada con franqueza de la penetración genital y otros derrames. (…)

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