Inconvenientes de tener un mal socio

Martes, 19 de febrero de 2019

Mi padre siempre repetía un refrán caduco que me hacía reír: «quien en el casar acierta en nada yerra». Supongo que la fortuna le había sonreído de tal manera cuando se emparejó con mi madre que recordarnos aquello le parecía la mejor lección de vida. Casarse es algo horrible, porque liga el amor a la sociedad inmobiliaria. Pero es comprensible que las personas que se consideran cómplices emprendan una alianza juntos. En los negocios, no anda muy lejos del sacramento matrimonial el que monta una sociedad con amigos o familiares. Por desgracia, hemos visto muchos casos de hijos y hermanos que se destruyen en la lucha por el poder empresarial. También conozco a gente con talento que eligió a los inversores erróneos y al de hoy lucha por recuperar su firma para poder ser él mismo de nuevo. Elegir a tu socio es un ejercicio de riesgo, que nadie dejaría en manos de un impulso, del azar o del oportunismo. Elegir a un socio es emprender un camino con alguien, una especie de cordada de montaña donde si a mitad de pared en la escalada te traicionan ya te puedes dar por muerto. Entre los países también hay muchos ejemplos de sociedades, de uniones, de ententes colectivas. Son fundamentales. Quien teje una buena alianza hace más por su país que todos los inflamados berracos que agitan banderas propias. (…)

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