Las votaciones y lo que no son las votaciones

Martes, 18 de junio de 2019

Conviene escribir sobre ciertas cosas con una perspectiva algo más ambiciosa que la urgencia. Las redes sociales han acelerado la opinión; por eso, los mastuerzos se imponen a menudo sobre la reflexión. Sería terrible que Voltaire o Montaigne hubieran tenido que expresarse con prisas, lo hicieron, sobre todo el segundo, sin afán de incidencia sobre la realidad, sino con la cadencia del pensamiento. Entretenidos como estamos con el resultado de los concursos, en todos los ámbitos, no hay un solo día sin premios ni premiados, dejamos de lado la reflexión global sobre el premio mismo. La composición de jurados, los baremos de elección, la justicia que ofrecen no parecen preocuparnos. En España, nos gusta ser galardonados. No toleramos el premio a otro porque sentimos que es un desprecio a nosotros. Por eso desde las instituciones se persigue un cierto arribismo, que consiste en tratar de ocupar el lugar del ganador, de imitarlo. Son habituales las ofertas para dirigir la película idéntica a la que triunfó el año pasado. Para imitar la serie que ha tenido mejor recepción esta temporada. Para que escribas el libro que reproduce el título que mejor ha funcionado en ventas. (…)

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