En el reino de los distraídos

Martes, 21 de marzo de 2017

La anécdota del error en la entrega del Oscar de este año se ha comido la relevancia de los premios. Al día siguiente, en lugar de que fuera portada en todos los medios del mundo la foto de Emma Stone o del equipo de la película vencedora, la equivocación de los sobres propició que la foto que abría todos los periódicos fuera la del batiburrillo en el escenario o la cara de pasmo de los asistentes. El error se debió, como sucede tantas veces, a la distracción de uno de los encargados de la auditora de las votaciones. Es curioso, porque siempre que miro la gala de los Oscar me asalta la misma certeza. La gente que trabaja con su cara no debería operarse jamás y, sin embargo, siguen cometiendo el error hasta perfeccionar un acartonamiento ajeno a sus rasgos naturales. El propio empleado de la PriceWaterhouse parecía un familiar de Matt Damon por su chocante parecido con el actor y uno se preguntaba si era un accidente genético o un atrevimiento del cirujano plástico. Lo importante es otra cosa. Igual que vemos cómo muchos empleados, conductores, escolares y amigos se distraen con sus móviles cuando mejor les vendría prestar atención a lo que hacen, así también el tropiezo de los Oscar se ha convertido en un ejemplo perfecto de que no hay peor enemigo que el de no prestar toda tu atención a la tarea. (…)

Leer más

Más artículos en en El País, en XL Dominical y en El Periódico.