El vicio de la cita

Martes, 19 de mayo de 2020

Uno de los escritores a los que alguien puede regresar sin temor a verlo repetirse es Montaigne. En su forma de pensar, el recurso a la cita es una manera de enfrentarse a los contrarios. Gracias a su rara mezcla de cultura y honestidad, es capaz de contraponer dos inteligencias para tratar el asunto que le interesa. Llegado el momento de la discusión, pues son discusiones lo que presenta al lector, conoce el valor de no regodearse satisfecho en la idea propia, sino agitarla, contrastarla y observarla desde diferentes puntos de vista. Es el ejemplo radiante de esa cosa llamada inteligencia. Y es probablemente el escritor que elevó la cita a las bellas artes. Pero la cita en sí misma, si no se usa en esa dimensión, es un atajo mental. Hay un momento en el que rezuman oportunismo o vacuidad. Muchas veces lees a alguien citar o soltar una cita cuando habla y reconoces a un inepto. Es muy sencillo, cuando alguien se planta y suelta: como dijo Shakespeare, lo natural es pensar que nos encontramos ante un cretino que pretende avalar su tesis con un abrazo cordial al maestro. (…)

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