Agrandar el ojo de la lupa

Martes, 21 de noviembre de 2017

Para evidenciar el enorme desprecio que en España ha habido siempre hacia las gentes del mundo del cine y del teatro, Fernando Fernán Gómez relataba una curiosidad. Cuando se estrenó la película El puente de Waterloo, los censores españoles que utilizaban, y siguen utilizando, el doblaje para transformar sutilmente el contenido, decidieron que la protagonista en lugar de prostituta fuera actriz de teatro. Les debía de parecer lo mismo, y esa idea fue absorbida por la mentalidad española hasta el día de hoy, donde no es raro que los presentadores de televisión les pregunten en las entrevistas a las actrices con qué actor les gustaría rodar escenas de cama, como si en el rodaje de esas escenas se consumara algo más que una incómoda coreografía al servicio de la ficción. Esta es la cabeza que nos rige como país y va a costar mucho cambiar la superioridad moral de unos sobre otros. (…)

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