Sin esperar a la película

Martes, 13 de febrero de 2018

Antes, cuando una novela popular se vendía de manera masiva, nos decíamos de manera automática: «Esperaré a que hagan la película». Era una forma de ahorrarse el trámite. Hoy en día la situación ha cambiado y es al ver una noticia muy chocante o sabrosa en los noticiarios cuando nos decimos: «Esperaré a que hagan la película». Confieso que me ha pasado con la noticia de la detención del matrimonio Turpin en California. Según las crónicas, en el interior de su hogar creyente y rabiosamente tradicional procedían a la tortura sistemática de sus trece hijos, negándoles el alimento, la higiene, la vida social y el cariño, es decir, tratando de criarlos en una burbuja deshumanizada que los convirtiera en zombies a su servicio. Más allá de tratar de raspar hacia el fondo de la noticia, la mayoría nos hemos dicho: «Bueno, habrá que esperar un par de años, pero veremos la película y apreciaremos las interpretaciones de ese par de actores que se llevarán premios por encarnar a los padres». Aunque, todo sea dicho, el progenitor a quien se parecía, incluso en el corte de pelo, era a los protagonistas de Dos tontos muy tontos, siempre injustamente despreciados por los galardones interpretativos. (…)

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