Este signo ‘¿’ puede morir

Martes, 23 de abril de 2019

A todos nos llama la atención la dedicada tarea de muchos jubilados por vigilar obras. Una de las actividades particulares del jubilado consiste en asomarse a la zanja y opinar. Es una rama del urbanismo que se cruza con el arte de la tertulia. Nada hay más grato para las personas desocupadas que opinar sobre la ocupación de los demás. Es un error que las grandes empresas de arreglos urbanos no tengan un departamento de jubilados a modo de consejeros. Lo que esos señores observan pasa desapercibido para muchos ingenieros y aparejadores. En lugar de políticos desvencijados harían bien en sentar en sus consejos de administración a estos ancianos sabios que saben dónde meter la piqueta y por qué una acera no resiste el invierno por muchas reformas a las que se la someta. Desde otra perspectiva, me ha interesado siempre la gente que presta atención a la lengua que hablamos. Son también observadores no remunerados que van dando cuenta de palabras que caen en desuso, expresiones que hacen fortuna y dichos que se adaptan a los tiempos nuevos. La lengua todo el mundo sabe que es un organismo vivo, que posee sus propios ritmos y su propia democratización, al margen de esfuerzos académicos. (…)

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