El azar como calmante

Martes, 9 de octubre de 2018

Muchos han calificado el asesinato de la joven golfista Celia Barquín como un crimen de azar. La maldita mañana en que la estudiante española en Iowa salió a entrenar, el asesino buscaba una mujer a la que violar y acuchillar, al menos así se lo había confesado a un conocido. Puede que el azar venga, en ocasiones, a tranquilizarnos. No debemos abusar del recurso. El azar lo es todo, pero el azar, al mismo tiempo, es nada. Para la familia cántabra que ha perdido de manera tan brutal a Celia, solo podemos ofrecer el consuelo discreto de mirar sus fotos en los medios y estudiar su trayectoria profesional y personal y concluir que fue alguien que sabía quién era y lo que quería. Hay mucha gente que vive noventa años sin saber nada de esto, sin tener claro hacia dónde dirigir un esfuerzo, una sonrisa, el tesón. Esos veintidós años tuvieron algo de plenitud. Tras la salvajada, nos queda esa ejemplaridad íntima. (…)

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